Vivió y creció en una casa en la que aprendió que hablar de
sus sentimientos no era bueno. Vio tanto que no quería que se repitiese. Y
llegó la adolescencia y con ella, el amor. O eso creía. Era tímida. Cuando se
le acercaban los chicos, se iba corriendo. No se quería, y no hacían más que
repetirle: “si no te quieres tú, ¿quién te va a querer?”. Se pegó mucho tiempo
pensando en eso. Día y noche llorando porque no se gustaba. Siempre llega el día
en el que una persona quiere cambiar. Ella quería pero nunca pudo. Lo intentó
con todas sus fuerzas, pero cada vez que levantaba la cabeza, se la agachaban a
ostias. Y dicen que de las ostias y de los errores se aprenden. Ella aprendió,
pero no eligió la mejor opción. Y entonces se vio incapaz de estar con alguien.
Su vida se resumió en decir no, y arrepentirse. Por algo que no acabó de
entender -- miedo, vagueza, terror -- nunca fue feliz. Y ahora está ahí sentada,
mirando el ventilador, recordando su vida. Su estúpida vida. ¿Qué si se
arrepiente de haber actuado como actuó? Si. Creerme, os lo digo YO.

No hay comentarios:
Publicar un comentario