viernes, 3 de mayo de 2013

Sudaderas Negras. *1*


-¡Joder! Que fría está el agua.
-Cada vez salen peor las manchas.
-Si, será por los alimentos que engullen los imbéciles.
-No seas gilipollas.
-¿Gilipollas? No sé cómo cojones hacéis para mancharos tanto de sangre.
-¡No grites tanto! Te van a acabar oyendo...
-Nos acabarán pillando por vuestra culpa. Me largo a clase, ha tocado hace 15 minutos.
-¡Espera! ¡Joder! Oigo una ambulancia.
-Mierda... ¿tan pronto?
-Os dije que nos habían visto. Podéis limpiaros ya.
-Yo ya estoy. ¿Te fijaste quién era?
-Si, es la del pelo rizado de la clase de segundo.
-Pobrecilla... no sabe dónde se ha metido. Ya he terminado.
-Vamos a clase.

-¿Podemos pasar? Estábamos preguntando lo de las becas.
-Si, claro, pasar. Comentaba a vuestros compañeros que han vuelto a pegar a una chica. Esta vez les han debido de ver, pero llevaban las sudaderas negras así que no pudieron distinguir a los muchachos.
-Si, hemos escuchado que comentaban algo por los pasillos y hemos visto la ambulancia. Cada vez me siento más insegura... no me gusta andar sola por este instituto.
-Ni a mi. Por cierto chicas, tenéis un 9'6 en el trabajo conjunto.
-¡Eh! ¡Genial!
-Bien, sigamos con la clase.

-Chicas, hay que tener más cuidado. Si nos confiamos nos pillarán.
-Si. La ricitos no se va a librar, pero hay que pillarla sola.
-Venga chicas... ya habéis oído... no nos han reconocido. Se piensan que somos tíos. Limpiar bien la sudadera y seguiremos con la lista.
-Pero...
-Con-la-lis-ta.
-Bueno, no nos peleemos. Esta tarde quedamos, repasamos la lista y planeamos el siguiente ataque. ¿Vale?
-Si.
-Bien.
-¡Qué hambre tengo! Subo a casa. A las cinco dónde siempre.
-Que aproveche.
-Hasta luego.

-¡Ya era hora! ¿Dónde estabas?
-Lo siento. Mi madre se ha puesto muy pesada. Tenía que limpiar la cocina.
-Te toca entrenar, nosotras acabamos de terminar.
-Bien. Este saco está muy viejo ya... y roto.
-No estamos como para comprar un saco de boxeo nuevo. Cuando nos paguen, compraremos lo que necesitemos.
-Pues ya podemos hacer lista. ¿Y si se lo pedimos directamente? Al fin y al cabo, estamos haciendo su trabajo sucio. Para hacerlo bien, tenemos que entrenar bien.
-Eso es cierto, ni las cuchillas del campo de defensa están bien afiladas. Mirar, ni una gota de sangre.
-Está bien, se lo comentaré. Aún que seguramente nos mande a la mierda.
-¡Venga ya! Desde que empezaste a liarte con él consigues lo que quieres.
-Si, excepto librarme de este “trabajo”. ¿No os cansáis?
-¿De qué? ¿No me digas que te sientes mal por hacer el bien?
-¿Y si no estamos haciendo el bien? Quiero decir... ¿y si lo que pone en los documentos no es cierto y estamos castigando a gente inocente?
-Mira... nos pagan, ¿verdad? Yo sigo lo que pone en los documentos. Prefiero no darle vueltas.
-Yo me siento hasta bien, la verdad. Descargo toda la mala ostia en menos de diez minutos.
-¡Qué fría eres!
-Me han hecho así.
-No se chicas... ¿y si investigamos cada caso por nuestra cuenta antes de hacer nada?
-¿Pero qué coño te pasa? Paso de escucharte. Nosotras hacemos este trabajo, y lo hacemos bien. Punto. Si te vas a plantear si la persona se lo merece o no, nos saldrá mal. Ya pasó una vez. Y mira lo que le pasó a la otra chica. ¿Quieres que vuelva a ocurrir?
-¡No! Pero...
-Me largo...
-No has acabado el entrenamiento.
-Que le jodan al entrenamiento.
-Yo también me voy. No me encuentro muy bien. Algo me ha sentado mal en la comida.

-¿Si?
-Para el viernes, cielo.
-Vale, cariño.
-¿Qué tal el entrenamiento?
-No muy bien. Nos hemos peleado, y se han ido.
-¿Por qué habéis discutido?
-Nada, ya sabes, tonterías. ¿Nos vemos mañana?
-Claro, te llamo.
-Perfecto, adiós.
-Adiós.

-Buenos días chicas.
-¡Hola!
-Que pasa.
-¿Sigues enfadada?
-Si sigues así la cagarás.
-Lo sé, lo siento. Sé que no debo plantearme estas dudas.
-Y menos de tu novio, que es el jefe.
-Ya.
-Buenos días clase. ¿Os habéis enterado? En la pelea de ayer, uno de los Sudaderas Negras llevaba una pulsera. La testigo la ha recordado y ha hecho un dibujo de ella. Colgarán las imágenes por el instituto. Con suerte alguien la reconocerá.
-Señorita Jiménez, preséntese en el despacho del director.
-Ahora vengo profesor.

-¿Puedo pasar?
-Por supuesto, cierre la puerta y acérquese.
-Hola mi vida, tenía ganas de verte.
-Ven aquí cariño. ¡Ayer se me hizo eterno el día sin verte!

Continuará...

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