-¡Joder! Que fría está el agua.
-Cada vez salen peor las manchas.
-Si, será por los alimentos que
engullen los imbéciles.
-No seas gilipollas.
-¿Gilipollas? No sé cómo cojones
hacéis para mancharos tanto de sangre.
-¡No grites tanto! Te van a acabar
oyendo...
-Nos acabarán pillando por vuestra
culpa. Me largo a clase, ha tocado hace 15 minutos.
-¡Espera! ¡Joder! Oigo una
ambulancia.
-Mierda... ¿tan pronto?
-Os dije que nos habían visto. Podéis
limpiaros ya.
-Yo ya estoy. ¿Te fijaste quién era?
-Si, es la del pelo rizado de la clase
de segundo.
-Pobrecilla... no sabe dónde se ha
metido. Ya he terminado.
-Vamos a clase.
-¿Podemos pasar? Estábamos
preguntando lo de las becas.
-Si, claro, pasar. Comentaba a vuestros
compañeros que han vuelto a pegar a una chica. Esta vez les han
debido de ver, pero llevaban las sudaderas negras así que no
pudieron distinguir a los muchachos.
-Si, hemos escuchado que comentaban
algo por los pasillos y hemos visto la ambulancia. Cada vez me siento
más insegura... no me gusta andar sola por este instituto.
-Ni a mi. Por cierto chicas, tenéis un
9'6 en el trabajo conjunto.
-¡Eh! ¡Genial!
-Bien, sigamos con la clase.
-Chicas, hay que tener más cuidado. Si
nos confiamos nos pillarán.
-Si. La ricitos no se va a librar, pero
hay que pillarla sola.
-Venga chicas... ya habéis oído... no
nos han reconocido. Se piensan que somos tíos. Limpiar bien la
sudadera y seguiremos con la lista.
-Pero...
-Con-la-lis-ta.
-Bueno, no nos peleemos. Esta tarde
quedamos, repasamos la lista y planeamos el siguiente ataque. ¿Vale?
-Si.
-Bien.
-¡Qué hambre tengo! Subo a casa. A
las cinco dónde siempre.
-Que aproveche.
-Hasta luego.
-¡Ya era hora! ¿Dónde estabas?
-Lo siento. Mi madre se ha puesto muy
pesada. Tenía que limpiar la cocina.
-Te toca entrenar, nosotras acabamos de
terminar.
-Bien. Este saco está muy viejo ya...
y roto.
-No estamos como para comprar un saco
de boxeo nuevo. Cuando nos paguen, compraremos lo que necesitemos.
-Pues ya podemos hacer lista. ¿Y si se
lo pedimos directamente? Al fin y al cabo, estamos haciendo su
trabajo sucio. Para hacerlo bien, tenemos que entrenar bien.
-Eso es cierto, ni las cuchillas del
campo de defensa están bien afiladas. Mirar, ni una gota de sangre.
-Está bien, se lo comentaré. Aún que
seguramente nos mande a la mierda.
-¡Venga ya! Desde que empezaste a
liarte con él consigues lo que quieres.
-Si, excepto librarme de este
“trabajo”. ¿No os cansáis?
-¿De qué? ¿No me digas que te
sientes mal por hacer el bien?
-¿Y si no estamos haciendo el bien?
Quiero decir... ¿y si lo que pone en los documentos no es cierto y
estamos castigando a gente inocente?
-Mira... nos pagan, ¿verdad? Yo sigo
lo que pone en los documentos. Prefiero no darle vueltas.
-Yo me siento hasta bien, la verdad.
Descargo toda la mala ostia en menos de diez minutos.
-¡Qué fría eres!
-Me han hecho así.
-No se chicas... ¿y si investigamos
cada caso por nuestra cuenta antes de hacer nada?
-¿Pero qué coño te pasa? Paso de
escucharte. Nosotras hacemos este trabajo, y lo hacemos bien. Punto.
Si te vas a plantear si la persona se lo merece o no, nos saldrá
mal. Ya pasó una vez. Y mira lo que le pasó a la otra chica.
¿Quieres que vuelva a ocurrir?
-¡No! Pero...
-Me largo...
-No has acabado el entrenamiento.
-Que le jodan al entrenamiento.
-Yo también me voy. No me encuentro
muy bien. Algo me ha sentado mal en la comida.
-¿Si?
-Para el viernes, cielo.
-Vale, cariño.
-¿Qué tal el entrenamiento?
-No muy bien. Nos hemos peleado, y se
han ido.
-¿Por qué habéis discutido?
-Nada, ya sabes, tonterías. ¿Nos
vemos mañana?
-Claro, te llamo.
-Perfecto, adiós.
-Adiós.
-Buenos días chicas.
-¡Hola!
-Que pasa.
-¿Sigues enfadada?
-Si sigues así la cagarás.
-Lo sé, lo siento. Sé que no debo
plantearme estas dudas.
-Y menos de tu novio, que es el jefe.
-Ya.
-Buenos días clase. ¿Os habéis
enterado? En la pelea de ayer, uno de los Sudaderas Negras llevaba
una pulsera. La testigo la ha recordado y ha hecho un dibujo de ella.
Colgarán las imágenes por el instituto. Con suerte alguien la
reconocerá.
-Señorita Jiménez, preséntese en el
despacho del director.
-Ahora vengo profesor.
-¿Puedo pasar?
-Por supuesto, cierre la puerta y
acérquese.
-Hola mi vida, tenía ganas de verte.
-Ven aquí cariño. ¡Ayer se me hizo
eterno el día sin verte!
Continuará...
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