Me gusta quedarme sola en casa. Me da
la libertad para no sonreír continuamente, para no preocuparles, a
ellos, a todos.
Me gusta que llueva. Camufla las
lágrimas, las transforma en simples gotas que hacen dudar al más
observador de dónde salen.
Me gusta el viento. Me desordena el
pelo, colocándomelo en la cara, tapándome. Escondiéndome.
Me gusta la paz. Desconectar. El
silencio en el móvil. Evadirme de todo. No enterarme de los mensajes
ni las llamadas que llegan sin descansar.
Me gusta el frío. No, más bien, me
gusta no acordarme del calor.
Me gusta el olor a primavera, hierba
húmeda, barro.
No he llegado a muchas conclusiones
aquí sentada. Estoy... mojada, helada, acurrucada y... confundida.
Un pequeño empujón me ayudaría.
Levantarme, respirar hondo, y seguir adelante.
Si, ahora lo veo claro, era esto lo que
necesitaba, este pequeño empujón que hace que note todo lo que me
gusta mucho más. Más libertad, sentir volar, La lluvia refrescante,
el frío. El viento cada vez más rápido, cada vez más, mucho más.
Irónico... el final de este viaje es
un resumen de todos mis fracasos. Todos acaban con un duro golpe. La
única diferencia entre todos esos golpes y éste es que de los
primeros he podido levantarme. Este golpe, con suerte, no me dejará
levantarme.
Se me ha hecho largo, pero ya veo el
final. Gris, a trozos, duro, de cemento... cierro los ojos... Si.
**Me despierto sobresaltada. Sudada.
Asustada. Llorando. Acabo de soñar que me suicidaba y me sentía
mejor que nunca. Miro el móvil y son las 7:32 de la mañana. Me
vuelvo a tumbar... tengo mucho que pensar.**
¿Se supone que hay que quedarse tranquilo después de leer estas líneas? Porque no hace falta leer el último párrafo para saber a dónde quieres llegar.
ResponderEliminarLo triste es que el mundo que describes (el viento, la lluvia, el calor o su ausencia, la hierba, el silencio y la tranquilidad) es todo en sí bello, pero por bello y precioso que te resulte no es bueno que te encierres en él.
Todo el mundo (unos más y otros menos) necesitamos escondernos en nuestro mundo interior, alejarnos de todo o simplemente ignorarlo por un tiempo; y eso NO ES MALO, pero como todo, en su justa medida:
Ni en exceso ni en defecto las cosas son buenas.
Así que deja de encerrarte en tu mundo, falsamente a salvo de todo, y arriésgate. Confía en la gente, comete errores, pero después de eso vuelve a levantarte, y en algún momento te darás cuenta de que no habrá sido en vano y todos los moratones y heridas habrán merecido la pena.
Solo hay que volverse a levantar una y otra vez.